Día tres, sigo sin resultados en el avistamiento de otros seres vivos. Y lo peor: aún no he conseguido tomar café.
Sin embargo, he aprovechado el tiempo: he estado todo el tiempo practicando viejos juegos con la play. En total, entre zombies, mutantes, perros rabiosos y otras criaturas, habré matado a no menos de dos mil. Virtualmente, se entiende. También me ha quedado claro lo que necesito para sobrevivir en este nuevo mundo: una escopeta de cañones recortados, un par de pistolas automáticas, una metralleta (idealmente una detonadora SWAT de nueve milímetres, más ligera y manejable), unas granadas de mano, un bazooka y mucha munición. No sé si cabrá todo en la riñonera.
Nota para la micrograbadora: si quiero encontrar mutantes o supervivientes, tal vez sea conveniente salir un poco a la calle, o al menos asomarme a la ventana.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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