DÍA 4
La he cagado, pero no estoy seguro.
He matado a Belén Esteban. Aunque en realidad no sé si era ella-ella o ella-mutante. ¿Le he hecho un favor a la humanidad? ¿He, al contrario, acabado con la única posibilidad de reproducción de la especie humana?
No ha sido culpa mía. Intentaré dejar constancia escrita de lo sucedido, paso por paso.
Armado de valor, he bajado a la calle, he buscado un cuartelillo de la Guardia Civil, lo he encontrado, he buscado la armería, la he encontrado, y he cogido una ametralladora y mucha munición.
He comenzado entonces lo que he bautizado como “ronda de inspección”: buscar personas o mutantes, lugares de abastecimiento de provisiones, posibles escondrijos en caso de ser perseguido por una turba de mutantes, y cosas así. En ello estaba cuando he visto, al otro extremo de la calle, una figura humana que avanzaba hacia mí en un baile desquiciado de aspavientos. A medida que se acercaba, iba distinguiendo cosas: era en apariencia hembra, lucía (es un decir) cabellera de color amarillo plátano viejo y tenía el rostro desencajado.
Asustado, apunté a la hembra con la metralleta y le grité un alto ahí que me salió algo ronco y como deformado, porque, no había caído en la cuenta, llevaba ya varios días sin hablar más que alguna frase suelta conmigo mismo. La cosa, humana o no, siguió avanzando. Movía la boca con espasmos y alcancé a oír algo que no supe distinguir si era lenguaje o gruñidos: “o i ia ato, aaaato”. Cuando la tuve a unos dos metros y no hizo ademán de frenar, apreté el gatillo. Nunca antes había disparado una metralleta. Una escopeta de feria en mi niñez fue lo más parecido. El arma se puso a escupir balas a lo loco, y la potencia o el retroceso o el miedo mismo me impedían controlarla y aquello parecía una manguera con el agua a la máxima presión y nadie que la sujete. Maté, desintregándole literalmente la cara, a la cosa, y de camino malherí farolas, papeleras, vehículos aparcados y todo lo que estuviera a un lado, a otro, arriba o abajo.
Sigo sin saber si la cosa era humana o era mutante. Sea como fuere, me alegro de no haber tenido que asegurar la supervivencia de la especie apareándome con eso.
De vuelta a casa he entrado en un concesionario de motos y me he llevado un scooter para facilitarme futuras rondas de inspección, que pienso realizar a diario a modo de autoimpuesta disciplina militar.
miércoles, 15 de junio de 2011
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